Blog de Gustavo Laime

Aquí encontrarás mis reflexiones sobre los textos de Nietzsche y su persona, así como también mis traducciones.
Destacado 

Cómo la literatura moderna de Japón quedó bajo el hechizo de Nietzsche

La influencia de Nietzsche en Japón

Vino, baile, rapto frenético y acto teatral. Estas son sólo algunas de las características del dios Dioniso quien, en la obra maestra de Eurípides de la Antigua Grecia, "Las bacantes", llega a la ciudad de Tebas, determinado a obtener su terrible venganza contra Penteo — el gobernador de la ciudad y representante de la implacable racionalidad y el orden — por haberse rehusado a reconocer su longeva divinidad.


Inspirada en parte por esta obra, el gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche ideó su primera e importante obra, "El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música", argumentando que la belleza del arte surge, no de la mera racionalidad, sino del balance entre elementos apolíneos y dionisíacos.

Después de una vida de trabajo dedicada a producir obras que trastocaban la moral tradicional del cristianismo, y desafiando el sentido arrogante del orden imperial del siglo XIX, Nietzsche sucumbió a una enfermedad mental en 1889, luego de producir su obra suprema, "Así habló Zaratustra". En sus cartas posteriores y de manera frecuente, él firmaba simplemente como "Dioniso".

Japón, a principios del siglo XX, era como un Tebas moderno: un estado que, 32 años antes con la Restauración Meiji, se había embarcado en un programa masivo de modernización y racionalización, y en un abandono de las antiguas formas y creencias. Los nuevos gobernantes japoneses desfilaban ellos mismos vestidos con abrigos de cola y cuellos rígidos con el fin de reclamar el lugar de la nación entre los grandes poderes imperiales.

Fue en este mundo desprevenido que​, cual Dioniso descalzo que llega para un despiadado ajuste de cuentas, las ideas radicales de Nietzsche se asentaron y comenzaron a desgarrar la aspiración de una modernidad ilustrada y "civilizada".

Los primeros murmullos de disidencia llegaron con el debate de "Sobre un estilo de vida estético", iniciado por el provocador literario Takayama Chogyu, que se extendió, durante dos años desde 1901, entre los círculos literarios de Japón.

Pronto, todo el mundo literario de dicho país empezó a involucrarse con las ideas de Nietzsche, atraídos por su poderosa crítica a la cultura occidental, su estética, y su llamado a irrumpir en el lado irracional de la mente humana. "Esto es oriental", escribió en inglés la estrella literaria más grande de ese momento, Natsume Soseki, en el margen de su muy gastada copia del "Así habló Zaratustra" en el momento en que escribía "Yo soy un gato" en 1905-06.

Soseki intentó, en su novela central, "La entrada" (un título tomado directamente del "Zaratustra"), de vincular la adopción de Nietzsche de lo irracional con las tradiciones nativas japonesas del zen y de los acertijos conocidos como koan. El potencial de reconectarse, a través de Nietzsche, con las viejas y enterradas costumbres y mitologías no estaba perdido del todo en una nueva generación de jóvenes escritores japoneses para quienes Nietzsche representaba una reivindicación de los modos orientales y una puerta a un mundo de sensualidad y de deseo que estaban reprimidos.

Ryunosuke Akutagawa escribió historias como "La sonrisa de los dioses", en la que los dioses japoneses son puestos, tal como Dioniso, en clara oposición al dios cristiano, y en su colección de aforismos de humor negro, "Los mundos de un enano", Akutagawa hizo un buen uso de su profundo amor por el "Zaratustra".

El gran contemporáneo de Akutagawa, Junichiro Tanizaki, había editado, siendo todavía un estudiante, una revista con Tetsuro Watsuji, para luego convertirse en un destacado filósofo y erudito de Nietzsche. La intrépida exploración de Tanizaki en el mundo tabú de los deseos obsesionantes, en obras tales como "Naomi", y su pensamiento "iluminado" que abolía la Era Meiji (1868-1912) con su obra clásica de 1933, "En alabanza de las sombras", son imposibles de comprender sin captar la intensa influencia de Nietzsche en la cultura japonesa de la era Taisho (1912-26) y de comienzos de la era Showa (1926-89).

En la década de 1930, 12 volúmenes de las obras completas de Nietzsche, habían sido traducidos al japonés, y los elevados ideales de la Era Meiji habían sido reemplazados por el atractivo de lo macabro, lo perverso y lo erótico.

En la mente de un tímido y precoz joven de 20 años, hirviendo de confusión y frustraciones, el descubrimiento de "El nacimiento de la tragedia" en 1945 había de convertirse en un momento de epifanía y liberación de nunca olvidar. La conexión de Yukio Mishima con Nietzsche fue descrita por su padre, luego de la muerte de su hijo, como de una intensidad más allá de toda imaginación.

La exploración de Mishima en los recovecos más oscuros de la psique humana y de la sexualidad en "Confesiones de una máscara (1949)" habría sido totalmente imposible sin Nietzsche, y casi todas las direcciones que Mishima posteriormente tomó, se conectaban con Nietzsche de alguna forma u otra. La "fiebre griega", que asaltó a Mishima a comienzos de la década de 1950, llevándolo a visitar las ruinas de la Antigua Grecia y a explotar en una voluminosa producción de obras teatrales, estaba íntimamente conectada con la lectura, por parte de Mishima, del "Nacimiento de la tragedia" de Nietzsche.

La búsqueda de Mishima por la belleza y la trascendencia, y su rechazo de la moral tradicional en obras tales como "El templo del pabellón dorado" (1956), lo vinculaban con los adeptos del, inspirado en Nietzsche, "Sobre un estilo de vida estético", de principios del siglo XX. Mishima, en efecto, extrapoló las ideas de Nietzsche sobre la "muerte de Dios" aplicándolas a Japón, con el argumento de que Japón mismo había sufrido lo mismo cuando el emperador renunció a su divinidad en 1946, desencadenando una crisis existencial, que él describe extensamente en obras tales como "La casa de Kyoko" (1959).

Mishima no sólo exploró la oscura irracionalidad de la humanidad, también deseaba una resurrección del espíritu japonés así como aquella producida por el "El nacimiento de la tragedia". Pero la maldición de Nietzsche — la locura— una maldición que afligió a Soseki y a Akutagawa, comenzó a asentarse suavemente sobre Mishima.

Nietzsche-Dioniso había reclamado un ajuste de cuentas escalofriante contra las tendencias modernizadoras e ilustradoras del Japón moderno. Sin embargo, para entender a cabalidad algunas de las obras más icónicas del siglo — a menudo consideradas como esencialmente "japonesas" — tenemos que verlas en el contexto de una revolución "dionisíaca" de larga data dentro del pensamiento literario japonés.

Artículo original en inglés: https://www.japantimes.co.jp/

Nietzsche malentendido
Sobre la historia de la compilación de sentencias ...
 

Comentarios (0)

Aún no hay comentarios publicados

Deje un comentario

  1. Comentar como invitado. Regístrese o inice sesión con su cuenta.
Archivos adjuntos (0 / 3)
Comparta su ubicación

Últimos comentarios

Gracias por su respuesta.
Gustavo Laime M. realizó un comentario en Al dios desconocido: ¿el poema más enigmático de Nietzsche?
¡Hola, ese tema ya hemos respondido en el Grupo (de discusión) de Nietzsche Studio en Facebook! Pron...
Nietzsche no niega la existencia de Dios. En su aforismo el insensato dice que Dios ha muerto y todo...
Gustavo Laime M. realizó un comentario en Materialismo pulsional. La lectura freudiana de Nietzsche.
¡Un excelente trabajo!
Cron Job Starts